Seattle y la Justicia Social

Seattle y la Justicia Social

Seré la primera en admitir que cuando vine a vivir a Seattle para empezar mis estudios universitarios, no sabía realmente a qué se refería la gente cuando hablaba de “justicia social.” No es que no me había dado cuenta que el racismo, homofobia, sexismo, y otras formas de discriminación eran, tristemente, demasiado comunes en nuestra sociedad actual. Es más que hasta que empecé a estudiar en Seattle University, esos temas no eran realmente una parte de mis conversaciones diarias. Y eso, de por sí, he aprendido que es un privilegio.

Como el tema de la justicia social puede ser visto como un concepto político (y también filosófico), también creo que debo admitir que aunque solía ser más ignorante en temas de política, mis pensamientos y conversaciones de una forma u otra siempre han sido un tanto políticas. No dejes que esto te asuste—aún regresando a Aristóteles, cuando hablas de política, en cierto modo, hablas también de un tipo de responsabilidad moral: “El más elevado de los fines de la ciencia política es hacer que los ciudadanos sean personas de una cierta cualidad y dotados de bondad capaces de realizar actos nobles”(Ética Nicomáquea 1099 b, 30-33). Entonces, la meta de estas “conversaciones de justicia social” es de informarnos sobre estos temas que necesitan nuestra atención y llamarnos a actuar al respecto para que todas las personas puedan tener igual acceso a recursos de salud, oportunidades, entre otros.

Tal vez esto sea en parte porque vengo de un país en vías de desarrollo (o de tercer mundo) y esto incondicionalmente me ha obligado a notar la desigualdad que existe en el mundo, pero desde la primera vez que leí la perspectiva de mi universidad sobre la justicia social, me sentí interesada y atraída a la idea. Pero, aún con ese claro interés, cuando llegué me sentí impactada por la intensidad del tema.

Hablando con otros estudiantes internacionales, nos dimos cuenta de que un ejemplo es cómo antes de venir a Seattle, no nos presentábamos a otros incluyendo nuestros pronombres preferidos. Esto es como decir, “Hola, mi nombre es Wendy y mi pronombre es ella.” Parece como solo un pequeño detalle, pero puede significar mucho para alguien que no se identifica con los pronombres o el género que la gente asume.

Algunos de nosotros no sabíamos tampoco el significado de ciertos términos relacionados a orientación sexual, y aprendimos que algunas cosas que pensábamos eran “normales,” realmente pueden ser un poco ofensivas. Entonces viene la pregunta de, ¿es nuestra culpa por no saber?

En pocas palabras: No, no lo creo. Si estábamos interesados en estas conversaciones “políticas” porque pensábamos  que eran temas que deberían importarle todos como humanos, eso es lo que importa. Aún si al principio pensamos que a veces era un poco “intenso,” aprendimos de esas conversaciones. Nos sentimos agradecidos de cualquier modo porque nos encontramos en una cultura que al menos quería hablar del tema. Por eso me molesta cuando alguien inmediatamente juzga a otra persona por no saber. Si están felices en su ignorancia entonces sí es un problema, pero si están molestos por su propia ignorancia y quieren crecer, ¿cómo podemos juzgar?

Como humanos, nos debemos respeto el uno al otro. Raza, género, orientación, religión, o incluso situación económica no puede definir si vas a tratar a una persona con dignidad o no. Parece obvio, ¿no? Por eso me gusta que Seattle me haya obligado a tener estas conversaciones.   

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Wendy es una estudiante internacional de Ecuador a punto de graduarse de Seattle University con dos carreras, Escritura Creativa y Teatro. Wendy está emocionada de poder compartir algunas de sus historias sobre lo que ha aprendido en su tiempo en Estados Unidos!

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